La Pasión Griega, Parte 1: Vangelis y la mafia Albanesa.

Llegamos a Atenas a media tarde, diluviaba, y a finales de diciembre de 2004  Grecia era ya un país poco estable,  sumamente “mediterráneo” y donde reinaba el trapicheo y la gente fogosa y pasional. Eramos 5 Jóvenes preparados para que intentaran engañarnos continuamente pero también para aprender de ese viaje, para hacernos mayores.

Empezamos totalmente perdidos  y pagando 58 euros por un trayecto en taxi que duró 3 calles y no más de 2 minutos, con un taxista que para más “INRI” nos llevó al hotel de su primo y nos dijo “THANK YOU GUYS” unas 50 veces, con una sonrisa sarcástica de “Os la he colado doblada, pardillos”. Pensamos en pedir explicaciones, pero nadie de nosotros se atrevió, así de simple. Durante todos estos años siempre he pensado que el contexto de la situación nos volvió pequeños y cobardes, supongo que, aunque sin conseguirlo, para sentirme un poco mejor después de la afrenta sufrida.

El primo en cuestión resultó llamarse Vangelis, un nombre muy heleno, un tipo delgaducho y con poco pelo que sin embargo parecía el jefe del barrio: Si ibas a la verdulería de la esquina allí estaba él, si querías comer MUSSAKA en un restaurante cercano al hotel allí mandaba él o si ibas a comprar el pan de buena mañana…EUREKA! te atendía la sonrisa pícara de Vangelis. Al final le acabamos cogiendo cariño, y creo que el sentimiento fue recíproco, porque le pedimos entradas para un partido de gran rivalidad: PANATHINAIKOS/PAOK DE SALÓNICA, que se jugaba en un par de días, y con una sola llamada nos dijo la hora y el sitio donde debiamos ir a recogerlas, otra cosa fue la ODISSEA que pasamos para conseguirlas, de la que ya hablaremos más adelante.  Al final el hotel resultó ser bastante céntrico, no demasiado caro y estaba muy cerca de PLAKA i Sintagma, las plazas más características de la capital helena, de manera que decidimos hospedarnos allí los 5 días que pasariamos en Atenas antes de partir hacia la Isla de Creta.

Más tarde, ya instalados, salimos a dar un paseo cuando ya había anochecido y parado de llover, y mientras charlabamos tranquilamente pasamos por delante de un restaurante. Era un albanés, país vecino de Grecia y uno de los más pobres de europa, ponía SHQIPERIA en letras grandes y se vislumbraba la bandera roja con la tenebrosa aguila Bicéfala negra en su interior, y yo propuse entrar ya que siempre me han seducido los lugares pequeños y los paises desconocidos. Jordi, Luca, Andrés y Javi, gente de trato fácil, lo vieron con buenos ojos, y cuando nos disponiamos a hacerlo se abrió la puerta de golpe y del restaurante salió corriendo un hombre muy alto y trajeado de mediana edad, sangrando abundantemente de la cabeza. Tras él, otro hombre con media melena y barba de 3 días lo perseguía con una botella rota en la mano,  la mirada totalmente ida y soltando palabras que no parecían ser precisamente amables. Lo curioso de la situación es que salieron corriendo hacia nuestra dirección, y nosotros en un acto reflejo también empezamos a correr calle arriba. Corrimos unos 100 metros que se me hicieron eternos a mí y a mis tobillos de cristal, sin mirar atrás, y recuerdo que me sorprendió la actitud de 2 polícias que estaban a pocos metros de nosotros, que al ver al hombre ensangrentado se miraron, cruzaron la calle y siguieron su camino como si nada pasase; En realidad nosotros esperábamos que ellos actuasen, y al ver su reacción, nos entró el pánico y corrimos como si no hubiese mañana.

La gente a nuestro alrededor tampoco reacciono con miedo, más bien con NORMALIDAD, y luego, más tarde, cuando los dos hombres ya se habían perdido entre las “callejuelas” y todo había pasado, unos viejos del lugar nos contaron en un inglés con marcado acento griego que ese restaurante era solo una tapadera de la mafia albanesa, gente peligrosa y de dudosa reputación con la que más vale no tener trato y con los que la mayoría de la policia hacia la vista gorda por miedo a represalias, sobretodo si los problemas eran entre ellos mismos, como parecía ser el caso.

Cuando volvimos “En Sí”, nos encontrábamos delante de un teatro dónde representaban la vida del conocido compositor griego MIKIS THEODORAKIS en forma de Opera cantada. Decidimos entrar para relajar tensiones  y resultó ser una gran elección: Obviamente no entendimos nada ya que la Obra era en griego, pero nunca he oído cantar mejor y con más sentimiento. Algunos de nosotros lloramos de emoción y finalmente la jornada acabó de la mejor manera.

En resumen, Buen olfato el mío, casi meto a mis amigos en la boca del lobo, y eso que sólo era el primer día de un viaje que debía durar casi 2 semanas y que prometía emociones fuertes que os seguiré contando en el siguiente capítulo.

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